Detalles que justifican una película
Volver a empezar, José Luis Garci (1982)
“Volver a empezar” deja cierta sensación de que podría haber dado más de sí. Su inicio es muy bueno, con Ferrandis evocando su vida de hace 40 años en Gijón y retomando el contacto con viejos conocidos. Un par de conversiones interesantes, imágenes bellas, el “Canon” bien colocadito… hacen que uno se frote las manos ante la perspectiva de que va a ver un peliculón.
Sin embargo, poco a poco la cosa se va deshinchando: las conversaciones devienen algo pretenciosas, la trama no da demasiado más de sí, los gags con el gerente del hotel resultan más casposos que divertidos… En fin, se deshincha y no remonta.
Por suerte, la aparición de José Bódalo le da un Motivo (en mayúsculas) por el que esta película tiene sentido verse. Me refiero, cómo no, a la larga conversación entre Antonio Ferrandis y José Bodalo en que el primero desvela el motivo por el que ha vuelto a Gijón. De una belleza impresionante, en esa secuencia Bódalo transmite millones de sensaciones sin apenas articular palabra, convierte una pantalla de cine en algo muy próximo. Tanto, que es difícil controlar el escalofrío que recorre el cuerpo de uno observando su mirada. Qué contención, pero qué grandeza a la hora de mostrar pena, amor, frustración sin pronunciar una sílaba.
Se trata, en definitiva, de uno de esos detalles que hacen que una película perdure en la memoria, cale en los huesos. Para acordarse de que el cine no sólo se ve, también se siente y se pega a uno, cual recuerdo al que volvemos de vez en cuando para que nos abrigue.
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